La Tormenta de 1962: la noche en que el río Elba traicionó a Hamburgo

El puerto de Hamburgo ha sido una ciudad náutica y comercial desde su fundación hace poco más de mil doscientos años. Su conexión ancestral con el río Elba es poderosa, natural y la razón de su crecimiento a lo largo de la historia. No hay Hamburgo sin Elba, punto. Los hamburgueses aman a su río, a sus canales, a los puentes construidos a través de cientos de años y a su grandioso puerto, el segundo más grande de Europa. La ciudad fluye con el Elba como si fuese una melodía acompasada que narra historias de marineros y piratas.

Atardecer en una playa del río Elba (Blankenese)

Cuando llegué a Hamburgo, bastó sólo un atardecer para que yo también me enamorara del Elba. Después de diez años, guardo una buena dosis de anécdotas de esta generosa ciudad; en muchas de ellas el río adorna la memoria de lo bueno y de lo no tan bueno porque, de una u otra manera, te acompaña siempre. Por eso, cuando conocí la historia de la Gran Inundación, cuando leí los detalles de todo lo que ocurrió durante la medianoche del 16 y 17 de febrero de 1962, no pude más que sentir una gran pena porque aquella noche de tormenta el Elba había traicionado a Hamburgo.

Habían pasado diecisiete años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial; Alemania seguía aún levándose de entre los escombros y Hamburgo con ella. Lo que sucedió aquella noche sin precedente, no sólo fue un fenómeno descomunal de la naturaleza, sino también la consecuencia del precario estado de los diques y de otras instalaciones de protección contra inundaciones que se hallaban en condiciones técnicamente inadecuadas y, en algunos casos, mal mantenidas. Si a esto le añadimos que, por aquellos años, no se había desarrollado la tecnología con la que contamos hoy para procesar la información y que la metodología de pronóstico del nivel del agua y del tiempo era bastante rudimentaria, tenemos un escenario tenebroso. Aunque se había previsto que ese fin de semana un temporal azotara la zona costera, nunca nadie se imaginó que el clima empeoraría repentinamente, superado cualquier expectativa. La magnitud del impacto sólo pudo reconocerse cuando ya era demasiado tarde para lanzar una advertencia oportuna. Mientras en el Mar del Norte se formaba una marejada ciclónica nunca antes vista, en Hamburgo no se sabía nada. La gente se fue a dormir esperando un fin de semana como cualquier otro. En vez de eso, despertaron en medio de un mar de horror.

Centro de la Ciudad de Hamburgo a Orillas del Río Elba

Todo comenzó con el sistema de baja presión bautizado como Vincinette que se desplazó desde la parte sur del Mar Polar hasta la ensenada alemana. A la ya vaticinada tempestad se le sumó un ventarrón descomunal que empujó el mar hacia la costa, provocando una marejada, de las mismas proporciones de un Tsunami, que los endebles diques no pudieron contener. A las 00:14 del sábado 17 de febrero el dique de Neuenfelder Rosengarten, ubicado al sur de la ciudad, sufrió una ruptura de considerable importancia por la que un raudal de agua se abrió paso sin que nada pudiese detenerlo. Uno tras otro, comenzaron a colapsar todos los diques que protegían a la ciudad. En total, se calcularon más de cincuenta brechas por donde el agua se movilizó sin control. Al momento en que las autoridades costeras quisieron enviar un aviso de alarma a su contraparte en Hamburgo, la tormenta ya había hecho estragos en las líneas telefónicas fijas y en las líneas eléctricas. Era demasiado tarde para una evacuación: la ciudad había quedado en completa indefensión. A la 1:00 de la madrugada la marejada de casi seis metros de alto entró a las calles de Hamburgo arrasando con todo lo que había a su paso.

Entrada al Puerto de Hamburgo. Río Elba.

Esa mañana los hamburgueses despertaron ante una escena escalofriante: más de 315 personas perdieron la vida, un sexto de la ciudad (alrededor de 120 km2) se encontraba bajo el agua, más de 6, 000 edificios habían quedado destruidos, las calles eran intransitables y la operación ferroviaria había sufrido daños severos. Hamburgo había quedado completamente aislado; ni la ayuda imperante ni los suministros podían llegar.

Uno de los diques ubicados al sur de la ciudad en el distrito de Wilhelmsburg, el más afectado durante la tormenta de 1962.

En medio de una burocracia aletargada por la conmoción, los sobrevivientes vivieron horas de pánico y desesperación a la espera de un auxilio que parecía que nunca llegaría. Helmut Schmidt, quien en aquel entonces era senador de asuntos internos de Hamburgo, tomó una iniciativa riesgosa, atrevida, pero imprescindible para llevar alivio a sus conciudadanos. Haciendo caso omiso a la recién estrenada legislación, Helmut Schmidt reclutó a las fuerzas armadas alemanas y a voluntarios internacionales solicitados por la OTAN para ayudar con las operaciones de rescate. Alrededor de 26.000 ayudantes ingresaron a la zona de desastre en botes inflables y helicópteros, evacuando con éxito a unos diez mil residentes y acomodándolos en refugios de emergencia. Dado el éxito de la gestión de la crisis, tanto Helmut Schmidt como el ejército alemán, recién estructurado, obtuvieron un amplio reconocimiento público. Para las fuerzas armadas alemanas, esta fue su primera misión de ayuda humanitaria en suelo alemán. Una década después, en 1974 Helmut Schmidt se convirtió en Canciller de la República Federal de Alemania (Alemania Occidental en aquel entonces).

Vista desde el dique hacia el Río Elba

El agua cedió unas semanas después, dejando un saldo de daños tremendo que tardó varios años en resarcirse. Al final, la ciudad se levantó de nuevo.

Paseo peatonal sobre el dique.

La tormenta de 1962 dejó una profunda cicatriz en Hamburgo; no solo marcó el destino de muchas personas, sino que también sirvió como punto de inflexión para la protección contra inundaciones en la ciudad. En los últimos 50 años, Hamburgo ha trabajado continuamente en el reforzamiento de los sistemas públicos de protección contra inundaciones; los diques se elevaron aproximadamente 2.5 metros y se les da un mantenimiento continuo. Adicionalmente, el gobierno de la ciudad ha invertido en el desarrollo de planes de protección civil que se mantienen en constante actualización. Gracias a estos esfuerzos, la amenaza de marejadas ciclónicas es mucho menor ahora. Desde 1962 se han registrado un total de ocho marejadas ciclónicas con niveles más altos que el ocurrido en aquella noche catastrófica. En ninguna de esas ocasiones se encontraron daños graves en la línea principal de diques ni se han presentado víctimas mortales.

Por si están interesados en conocer un poco más lo que sucedió esa noche de tormenta, les dejo a contuación un par de enlaces a videos informativos.

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