Erntedankfest: la celebración otoñal de la última cosecha del año.

Hay algo en el otoño que me fascina: las tardes frescas, las puestas de sol anaranjadas, las hojas secas y el viento vigoroso. En Alemania el otoño es una estación bastante definida; con un ventarrón se anuncia su llegada y, sin más, se esfuman los días cálidos del verano. No hay manera de perderse el inicio del otoño, es ostensible y hasta el aire huele a despedida porque con su arribo comienza el fin del año.

Calabazas cosechadas a finales de septiembre en la región de la Tierra Vieja (Altes Land) – Baja Sajonia

Una de las cosas que más disfruto en esta temporada son las tradiciones que, particularmente en Alemania, se vienen celebrando desde tiempos ancestrales. La primera de ellas se da cita apenas unos días después del solsticio de otoño, para ser precisos, el primer domingo de octubre: es la fiesta de acción de gracias, en alemán Erntedankfest. A diferencia de la celebración homónima en los Estados Unidos de América, en Alemania se festeja la última cosecha del año y tiene un significado que ha prevalecido desde la antigüedad. La evidencia más remota de esta festividad en el cristianismo europeo se remonta al siglo III y, aunque hoy día las costumbres se han ido diluyendo en la acelerada vida cotidiana y en la modernidad cosmopolita, todavía hay muchas iglesias, en diversas localidades a lo largo de todo el país, que en este día presumen preciosos altares decorados artísticamente con frutas, verduras, cereales, calabazas o pan.

Tradicional cosecha de manzanas.
Tierra Vieja (Altes Land) – Baja Sajonia

A lo largo de la historia, esta festividad ha sido una de las más importantes no sólo en Alemania sino en el resto del mundo pues de la última cosecha dependía, literalmente, la existencia de comunidades enteras. Si la cosecha era buena se garantizaba la supervivencia durante los duros meses de invierno y si no lo era, significaba una batalla afanosa por la preservación de la vida. Más que una fiesta, es un acto de gratitud, el momento de devolver algo de la inmensa generosidad de la tierra.

Caja de manzanas de la última cosecha. Tierra Vieja (Altes Land) – Baja Sajonia

Aunque en el transcurso de la historia la festividad tomó diferentes matices, el objetivo principal ha prevalecido: agradecer la abundancia del campo y celebrar el trabajo arduo y bien logrado. Por eso, por su enorme significado, quise que este 4 de octubre mi esposo, mi hija de cinco años y yo fuésemos partícipes de esta celebración, porque, aunque con la globalización y el comercio internacional, ya no está en juego la supervivencia humana durante los meses en los que la tierra descansa, es crucial agradecer por la fortuna de tener todos los días alimentos servidos a la mesa que además son producto del amor a la tierra y del sudor de quienes la trabajan. En el norte de Alemania, septiembre y octubre son los meses en los que se cosechan las manzanas en la región de la Tierra Vieja (Altes Land) así que familias enteras se desplazan desde Hamburgo hasta los campos aledaños para recolectar la vasta diversidad de este fruto jugoso, aromático y cargado de vitaminas. Fue una experiencia maravillosa que disfrutamos en familia de principio a fin: la conexión con la tierra, el paseo entre los manzanos, el trabajo en equipo y el regocijo de la cosecha.

La última cosecha del año
La última cosecha del año
El mejor compañero de vida, mi esposo René Frohnecke, en la larguísima fila para pagar por la cosecha del día.

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