Hermila Galindo; los albores de la lucha feminista en México.

Hoy el mundo se detiene para observar a los 3,811 millones de mujeres que habitan este planeta. Es un día de voces que exigen, reclaman y luchan, pero también es un día de introspección, de reflexión y, sobre todo, de conmemoración. Hoy recordamos a las que nos precedieron, a las que ya libraron batallas imposibles, a las que cerraron brechas y construyeron puentes, a las que con aplomo y convicción imbatible nos regalaron posibilidades otrora impensables. Hoy, desde la entraña, nos toca agradecer a quienes pavimentaron nuestros caminos y también nos toca honrar su legado aferrándonos a la estafeta que ahora debemos cargar hasta la meta: la equidad. Es precisamente por esto, por lo que esta entrada de blog está dedicada a una de las pioneras del feminismo en México.

Producto de una relación extramarital, nace Hermila Galindo Acosta el 2 de junio de 1886 en Villa Juárez, en el municipio de Lerdo, en el estado de Durango. Pocos días después del alumbramiento y debido a complicaciones del parto, Hermila queda huérfana de madre. Este hecho marcaría su vida, pues debido a su condición de orfandad su padre decide reconocerla y hacerse cargo de ella. Posiblemente la particularidad de su crianza haya sido la razón fundamental de sus inclinaciones políticas y, posteriormente, de su entrega a la lucha feminista.

En 1902, tras la muerte de su padre, el futuro de Hermila da un giro inesperado. En vez de continuar sus estudios en Estados Unidos, como su padre había previsto, se ve desamparada y obligada a sostenerse por sí sola con apenas 16 años y sin más herramientas que una carrera corta cursada en la Escuela Industrial de Señoritas, en Chihuahua. Comienza entonces impartiendo clases de taquigrafía en diversas escuelas de Torreón, en el estado de Coahuila, hasta que logra conseguir un empleo como taquígrafa del abogado antiporfirista Francisco Martínez Ortiz. Es a partir de esa coyuntura que la vida la va encaminando hacia una carrera política y de activismo social llena de altibajos, sinsabores y derrotas.

Al estallar la Revolución Mexicana, Hermila se muda a la Ciudad de México en donde comienza su participación en clubes revolucionarios. Es en este contexto en el que conoce a Venustiano Carranza quien la invita a colaborar como su secretaria particular. Hermila acepta no solo por su evidente tendencia política, sino también por la oportunidad de exponer sus ideas feministas en los foros más altos del país en donde la toma de decisiones y la promulgación de leyes sucedía con cotidianidad.  

Desde su nueva posición pudo notar con mayor claridad las tremendas disparidades entre los derechos otorgados a los hombres y a las mujeres y no tardó en evidenciar sus conclusiones públicamente indicando que una esposa “no tiene ningún derecho en su hogar. Está excluida de participar en cualquier asunto público y carece de personalidad jurídica para realizar cualquier contrato. No puede deshacerse de sus pertenencias personales, ni siquiera administrarlas, y está legalmente descalificada para defenderse contra la mala administración de su patrimonio por parte de su esposo, incluso cuando utiliza su fondo para fines que son más innobles y ofensivos para ella. No tiene autoridad sobre sus hijos y no tiene derecho a intervenir en su educación… Debe, como viuda, consultar a las personas designadas por su esposo antes de su muerte, de lo contrario puede perder sus derechos sobre ellos”.

Su lucha continuó en escalada a través de diversas funciones de activismo:

  1. la fundación del semanario literario y político Mujer Moderna que promovía la educación laica, la educación sexual, así como la igualdad de la mujer y los hombres;
  2. una extensa gira de ponencias y conferencias destinadas a la causa feminista;
  3. diversas solicitudes a legisladores para que incluyeran y garantizaran los derechos de las mujeres;
  4. desafiar a la ley electoral de su tiempo al postularse como candidata al Congreso de la Unión, mismo que ganó sorpresivamente al obtener la mayoría de los votos, pero que le fue negada debido a su género;
  5. demanda abierta en la que pedía el sufragio de las mujeres, la legalización del divorcio y el fin de la cultura del machismo;
  6. formación de clubes feministas.

Su ascendencia a la esfera política mexicana estaba ligada a Venustiano Carranza, cuando este es brutalmente asesinado, la carrera y la credibilidad de Hermila Galindo sufrieron una caída estrepitosa. Aunque se retiró prematuramente de la vida política e incluso vivió una temporada fuera del país, Hermila nunca dejó de luchar por los derechos de las mujeres en México.

Hermila Galindo se convirtió en 1952 en la primera mujer congresista federal de México. Murió dos años después en la Ciudad de México sin haber visto su sueño convertirse en realidad pues fue al año siguiente, el 3 de julio de 1955, cuando las mujeres mexicanas acudieron a las urnas por primera vez en una elección federal.

A partir del mes de marzo de 2020 circularán en México nuevos billetes de mil pesos con la efigie de Hermila Galindo. Un honor muy merecido para la maestra, escritora, periodista, activista, feminista, agitadora, revolucionaria, madre, esposa, hija, hermana, amiga, compañera y mujer excepcional que fue Hermila Galindo.

Licencia de uso de fotografía CC BY-SA

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