El poder de la superstición en Alemania; entre la Evaluación de Riesgos y el legado cultural.

En la entrada de blog de la semana pasada les platiqué sobre una de las supersticiones más arraigadas del pueblo hamburgués que se ha convertido en una tradición centenaria irrevocable. La reacción colectiva entre mis lectores fue de asombro porque muchos no concebían que los alemanes pudieran ser tan supersticiosos, al menos no al grado de llevar al extremo ciertas creencias. La realidad es que, en lo general, el pueblo alemán es bastante supersticioso y no sólo ha venido respetando rigurosamente esas creencias, sino que las ha convertido en parte de su legado cultural.

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Alrededor de 42% de los alemanes cree en supersticiones.

Las supersticiones no tienen ningún fundamento racional hasta que las trasladas a las teorías de la Administración de Riesgos. Entonces todo queda muy claro. Los alemanes hacen uso de su lógica sistemática para identificar, analizar, evaluar y tratar los riesgos asociados con una actividad y esto les permite minimizar pérdidas y maximizar oportunidades. Dicho en palabras de mi marido, “no creo que sea verdad, pero ¿para qué me arriesgo?” ¡Muy cierto! Viniendo de un pueblo que ha sido tradicionalmente previsor, resulta muy lógico que, aunque parezca un disparate, mantengan la protección en un alto nivel de consideración, especialmente cuando se trata de la mala suerte. ¡Nadie quiere tener mala suerte!

Así pues, me di a la tarea de averiguar cuáles son las supersticiones alemanas más enraizadas en su vasto legado cultural, sus orígenes y el impacto que tienen en la vida cotidiana. A continuación, les dejo esta interesantísima lista de nueve supersticiones imposibles de creer:

  • Scherben bringen Glück” – Los añicos traen buena suerte. Los alemanes creen fielmente que los añicos, en particular aquellos de porcelana, son dadores de buena fortuna. Esta superstición data de la edad media y ha sufrido sus transformaciones a través del tiempo. Hoy en día los añicos son considerados una tradición imperdible en las bodas. La noche anterior a la ceremonia matrimonial, los invitados llevan recipientes de todo tipo hechos de cerámica para estrellarlos contra el suelo. Posteriormente los novios tienen la tarea de barrer los añicos hasta que el suelo haya quedado limpio. El significado de esta costumbre es destruir el pasado para construir un nuevo futuro libre de moldes para la nueva pareja.
  • Los cerdos son un amuleto de buena suerte, de prosperidad y de riqueza. Esta creencia es tan antigua como las mismas raíces del pueblo alemán. Las tribus germanas veneraban a Gullinbursti, un jabalí dorado que fue entregado al dios Frey. Su símbolo, ya desde ese entonces y bien reflejado en la mitología nórdica, ha estado asociado siempre con la riqueza. En el día a día alemán es muy común que se elaboren cerditos de todos tamaños y materiales y que aparezcan impresos en cualquier cantidad de tarjetas de felicitación. Las alcancías en forma de cerdo son esenciales en la vida de todo niño alemán y no hay casa en donde no haya, al menos, algún cerdo que sirva de decoración.
  • El deshollinador es un emblema de buena suerte. Sí, lo han leído bien. El hombre que tiene por oficio limpiar las chimeneas es portador de buena ventura. Las raíces de esta creencia también se encuentran en la edad media, en tiempos en los que las viviendas estaban construidas mayoritariamente de madera y eran, por ende, vulnerables al fuego. Los incendios eran relativamente frecuentes en los poblados y el deshollinador era quien se encargaba de mantener las chimeneas en buen funcionamiento, previniendo así el fuego en las casas. En la actualidad esta ocupación está desapareciendo debido a que las construcciones cuentan con materiales más resistentes al fuego, por un lado, y por el otro, gracias a la instalación de calderas y sistemas de calefacción modernos. Por esta razón es cada vez menos frecuente toparse con un deshollinador lo que hace que esta superstición tenga mayores atributos.
  • Las catarinas son, para los alemanes, el mayor talismán de buena suerte que pueda existir. Estos coloridos y tiernos insectos representaban en la mitología nórdica al mensajero celestial de la diosa madre, que posteriormente, con la llegada del cristianismo, adquirió la figura de María, la madre de Jesús. Hasta hoy se cree que las catarinas son protectoras de los niños y que tienen, además, la capacidad de curar a los enfermos. No sólo en la cultura, sino también en el arte, las catarinas son una de las representaciones artesanales más frecuentes y queridas del pueblo alemán.
  • La sal es un símbolo de durabilidad, prosperidad y suerte. En la antigüedad la sal era sumamente valiosa y desde tiempos inmemorables se ha utilizado como un regalo digno de ocasiones especiales. Hasta ahora es tradicional dar la bienvenida a un nuevo vecino con pan y sal o regalar sales de diferentes tipos a una persona que se acaba de mudar de casa o que ha comprado un inmueble. Con este gesto se le desea al nuevo habitante suerte y prosperidad en su nuevo hogar.
  • Las felicitaciones adelantadas traen mala suerte. No hay peor cosa que se le pueda hacer a un alemán que lanzarle una felicitación de cumpleaños adelantada. He visto a varios correr o pedir que la felicitación sea retirada por el temor genuino a la mala suerte. Esta superstición encuentra sus raíces en las batallas de los pueblos germanos a lo largo de la historia pues estaba prohibido celebrar la victoria antes de que ésta aconteciera debido a la creencia de que, si se adelantaban los festejos, el triunfo podría revertirse y convertirse en una derrota.
  • Ich drücke Dir die Daumen! Presionar los pulgares dentro de la mano es la manera en la que los alemanes desean la buena suerte. Los orígenes de esta superstición datan de la colonia romana durante la cual los pueblos germanos se vieron brutalmente sometidos. De acuerdo con los historiadores, los germanos nunca gustaron de los combates entre gladiadores ni tampoco eran fanáticos de la idea de que los pulgares pudieran decidir entre la vida y la muerte de una persona. Así pues, desde ese entonces, ocultar los pulgares dentro de la mano era la manera en la que una persona le deseaba buena suerte a la otra. Este gesto es una tradición intrínseca del pueblo alemán que ha sobrevivido milenios hasta la Alemania moderna.
  • Golpear los nudillos contra la madera es una de las supersticiones más extravagantes con las que me he topado en estas tierras nórdicas y es la manera en la que los alemanes mantienen a los demonios y particularmente al diablo alejados de sus vidas. Seguramente es una herencia de los pueblos celtas que transitaron por tierras sajonas lo que dejó tan arraigada esta creencia pues desde tiempos antiguos se creía en que el roble era un árbol sagrado. De esta manera, cuando algún comensal entraba a una taberna y se encontraba con algún conocido o familiar, era esperado que, al acercarse a la mesa, golpeara con los nudillos la madera para avisarle a sus acompañantes que no era un demonio, sino él mismo.
  • Prohibido regalar cuchillos. Los alemanes creen fielmente que quien recibe un cuchillo como obsequio tendrá accidentes, heridas severas e incluso la muerte. Por ello, no hacen regalos afilados a menos que se intercambien por una moneda. En ese caso, la mala suerte queda anulada.

No es casualidad que haya elegido solamente nueve supersticiones para este blog; el número nueve es el número de la suerte por excelencia para los alemanes, también considerado como un número perfecto y que potencializa al número tres, que es el número de la salud.

Más allá del debate entre lo racional, el escepticismo y la fe ciega, hay una realidad, los seres humanos necesitamos de la fantasía, de la magia y de determinadas creencias para sobrevivir en nuestro día a día. Yo no me considero una persona muy supersticiosa, pero hay algo que vengo haciendo desde hace varios años; cada verano compro una maceta con lavanda, la cuido, la procuro y la dejo cumplir su ciclo de vida. Cuando entra el otoño la lavanda se despide de este mundo, entonces corto sus ramas, las dejo secar y después armo ramajes que coloco entre mis libros para que me traigan buena suerte. ¡Vaya que me la han traído!

Y ustedes, ¿qué supersticiones guardan?

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