Santa María del Mar; la basílica del pueblo.

Después del éxito avasallador de la novela “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones y, por supuesto, de la popularidad que trajo su adaptación a la pantalla chica, esta iglesia, llamada erróneamente catedral, se ha convertido en uno de los íconos emblemáticos de la ciudad de Barcelona. Sin embargo, la importancia de este recinto va más allá de la popularidad que las letras o la televisión le otorgaron a esta maravilla del gótico barcelonés, su relevancia radica en su historia, en sus infortunios, en sus anécdotas y en la vida de una edificación que el destino quiso que se construyera por y para el pueblo. No se puede hablar de Santa María del Mar sin hablar del barrio de “La Ribera”, sin mencionar a los estibadores del puerto (bastaixos) u omitiendo las adversidades que transformaron a esta iglesia en una sobreviviente palpitante.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

Es muy probable que los verdaderos orígenes de la construcción de esta basílica se encuentren más allá de las fechas de su inscripción oficial, pues hay elementos irrefutables que sustentan que la edificación comenzó con el levantamiento de una pequeña parroquia, construida por los pobladores cristianos que se asentaron fuera de las murallas que protegían a la entonces colonia romana de Barcino (hoy Barcelona). Fue erigida cerca del mar y al costado de un cementerio cristiano en donde fue enterrada Santa Eulalia, aproximadamente en el año 303. Su primer nombre fue Capilla de Santa María de las Arenas, sin embargo, a finales del siglo VII la iglesia ya era conocida con el nombre de Parroquia de Santa María del Mar.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

Con el crecimiento de las actividades portuarias y comerciales de la ciudad, el barrio de Vilanova del Mar, hoy conocido como barrio de La Ribera, se convirtió en un importante centro de intercambio de mercancías en donde también florecieron el arte y los oficios de la época. Fue así como, en pleno siglo XIV, surgió la necesidad de construir una iglesia de mayor envergadura y mejor diseño para aquella notable zona mercantil. Tras obtener el apoyo de las autoridades eclesiásticas y de la burguesía llegó finalmente la autorización del rey Pere III quien otorgó el permiso para extraer la piedra que se dedicaría a la construcción de la basílica. El proyecto comenzó en 1329 y culminó en 1383.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

La autoría del diseño y planificación arquitectónica de la obra pertenece a los conocidos Berenguer de Montagut y Ramon Despuig, pero la responsabilidad de la construcción recayó, textualmente, sobre los hombros y las espaldas de los estibadores del puerto, llamados “bastaixos”, los pescadores y los feligreses humildes quienes regalaron sus cuerpos, su fe indestructible, su tiempo, sus barcas y su amor por la Virgen para llevar las piedras requeridas desde la montaña de Montjuic hasta la entonces parroquia. Es en esta suerte de circunstancias en la que Ildefonso Falcones se inspiró para escribir su ya famosísimo éxito literario. Sin embargo, la historia de Santa María del mar no concluye ahí, sigue hasta el día de hoy, como un testigo fiel de las épocas que sobrevivió y, sobre todo, de la apasionante historia de Barcelona.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

La historia de Santa María del Mar ha sido escarpada. Durante los seis siglos de su existencia, la Iglesia tuvo que reponerse a varias reparaciones y pérdidas estructurales y artísticas invaluables. Este es el recuento de sus daños:

  • Pocos años antes de la conclusión de la obra, en 1378, la construcción sufrió un incendio que trajo como consecuencia la restauración parcial de la basílica.
  • En 1428 un movimiento sísmico de alto impacto destruyó un rosetón imponente y bellísimo junto con sus cristaleras. El rosetón fue reconstruido y las cristaleras reemplazadas. El que se encuentra hoy en la iglesia no es el original con el que se consagró la basílica en el siglo XIV.
  • Su estructura sufrió impactos durante la Guerra de Sucesión en 1714.
  • El peor embate que la basílica superó fue el incendio de once días continuos provocado por los feroces bombardeos que abatieron a la ciudad el 19 de julio de 1936 durante los inicios de la Guerra Civil Española. El imponente altar barroco quedó destruido. Las imágenes y todos los archivos también perecieron en el incendio. De pie quedaron las paredes, las columnas y los vitrales más altos.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

Hay que estar allí, entre esas columnas ejemplares y portentosas, andando sobre las losas que cuentan historias centenarias, mirando de frente a la Virgen y a su hijo en brazos, para entender el poder de los rayos de luz que se filtran por los vitrales que nos regalan y nos revelan los secretos de Santa María del Mar.

 

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Cortesía de René Frohnecke Photography

 

Imperdible y obligada es la visita a este fenomenal recinto histórico, religioso y cultural. ¡Es un verdadero tesoro!; el patrimonio de un pueblo que se comparte con el mundo entero.

 

 

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