Las mujeres de la Generación X

En las últimas semanas he estado platicando con varias amigas que, como yo, hace ya un par de años cruzaron su cuarta década o están por hacerlo. Cuando la conversación se torna profunda, todas llegamos a la conclusión de que nos sentimos incomprendidas en un mundo en el que no somos ni jovencitas ni tampoco tan mayorcitas, estamos en el medio, en plenitud laboral, atreviéndonos todavía a cambiar el rumbo de nuestras profesiones, muchas de nosotras viviendo una maternidad tardía, otras aun decidiendo si hay cabida para un bebé en sus vidas, algunas de nosotras dejando atrás un divorcio y otras considerando si la vida conyugal vale la pena. Entre una elección y otra nos enfrentamos también a la dinámica de una sociedad francamente compleja, que en ocasiones nos invisibiliza y en otras nos expone o nos ridiculiza. Cuando hablo de nosotras, me refiero a muchas mujeres, de hecho, a todas las mujeres de la Generación X.

 

Aunque con cierto margen de debate, se considera dentro de la Generación X a todas las personas nacidas entre los años de 1962 a 1981. Haber nacido entre estas décadas implica haber sido testigo consciente de los parteaguas históricos, sociales, políticos y económicos más importantes de la segunda mitad del Siglo XX. También significa haber cruzado a un nuevo milenio y haberse sabido adaptar, con increíble flexibilidad, a los avances y transformaciones vertiginosas de las primeras dos décadas del Siglo XXI.  Seguramente, lo que mejor define a la Generación X, es haber sido emparedada entre el Orden Político Mundial de la postguerra y el arribo sobrecogedor de las nuevas tecnologías: las computadoras domésticas, el internet, los videojuegos y la globalización que de ellas se derivó.

 

Todos estos fenómenos marcaron particularmente a las mujeres, quizá sea por eso por lo que la Generación X vale la pena estudiarse con minuciosidad pues la casta de mujeres que surgió en los años que comprende dicha generación, es la más empoderada que ha existido en la historia del feminismo. Las mujeres de la Generación X llegaron para deslumbrar, para continuar con más brío y mucha más valentía el camino que sus predecesoras abrieron, sólo que esta vez de manera colectiva. Antes de las mujeres de la Generación X, no se había visto que las mujeres diversificaran sus roles de una manera tan amplia y estrepitosa como sucedió en la década de los ochentas y noventas, cuando las mujeres de esta generación eran jóvenes y adolescentes. Tampoco nunca antes se había presenciado un abandono masivo de los estándares tradicionales impuestos por las sociedades, nunca antes la rebeldía había llegado inundada de sabiduría, organización y pretensiones que en otros tiempos habrían sido impensables. Las mujeres de la Generación X se hicieron poseedoras del conocimiento, convirtiendo a su generación en la más educada en la historia. Con esto no quiero decir que antes de las mujeres de la Generación X no existieran mujeres que definieran arquetipos, claro que las hubo, pero no de una manera global. Las mujeres que lograron sobresalir lo hicieron aisladamente y con muchísima resistencia al cambio, por el contrario, las mujeres de la Generación X fueron las primeras en convertirse en un tsunami que arrasó con todo lo que obstaculizó su paso.

 

Las que hoy somos cuarentonas y cincuentonas, fuimos, hace unas décadas, las muchachas del grunge, de MTV, a las que les dijeron que el Muro de Berlín jamás caería y las mismas que lo vimos derrumbarse frente a las pantallas del televisor. Para nosotras no hay, nunca hubo, imposibles. Fuimos las primeras que, en conjunto, aprendimos a decidir por nosotras mismas, pese a los prejuicios, a las miradas de desaprobación y al rechazo. Un día dijimos, “elijo no casarme antes de los treinta”, “elijo no tener hijos”, “elijo estudiar”, “elijo dedicarme a mi carrera profesional”, “elijo divorciarme”, “elijo cambiar de país”, “elijo vivir sola”, “elijo tener relaciones con éste o con aquel”, “elijo vivir mi vida como a mí me acomode mejor”.

 

Mucho de lo que las mujeres mayores de cuarenta y menores de sesenta enfrentamos todos los días es un encasillamiento en sectores con los que no tenemos ninguna convergencia. Nosotras nos seguimos sintiendo jóvenes y fuertes, vigorosas y facultadas para continuar viajando, para seguir enamorándonos, para tener a nuestro primogénito, para ligar en Tinder, para salir a bailar, para lanzarnos en paracaídas desde un avión, para rehacer nuestras vidas a nuestro antojo, para vestir jeans y zapatos de tacón. Hoy en día, las mujeres de la Generación X constituyen una agrupación de individuos comprometidos con su entorno, responsables, poseedoras de vidas balanceadas (trabajo – familia – tiempo libre), activas en nuestras comunidades y una fuerza laboral extremadamente confiable y diligente. Además, de acuerdo a los estudios sociológicos hechos a la Generación X, somos una generación filantrópica y generosa; entendemos la comunicación más allá de los mensajes de texto, seguimos llamando por teléfono y quedándonos enredadas en conversaciones eternas con las personas con las que conectamos, somos nosotras las que reunimos, planeamos y organizamos; somos una generación consciente de nuestra salud, que selecciona comidas nutritivas entretanto nos dejamos la vida en rutinas de ejercicio que fortalezcan nuestro cuerpo; y como si todo lo anterior no fuera suficiente, también somos una de las generaciones más cultas e instruidas de la historia, somos amantes del cine, del teatro, la ópera y el ballet y somos la generación de lectoras más potente que existe hoy en día en el mercado literario.  Somos un estuche de monerías, pero, sobre todo, pese a nuestras adversidades, somos mujeres felices. Nuestra generación, aplastada entre el crecimiento esplendoroso de las Baby Boomers y la indiferencia de las Millennials, nos ha dado una capacidad altísima de adaptabilidad, empatía y solidaridad.

 

El legado de las mujeres de la generación X está aún por determinarse. En estos momentos, miles de mujeres de nuestra generación están abriéndose camino, como nunca, en los estratos más altos de la élite gobernante de nuestro mundo. Todavía hay muchísimo más por ver de nosotras y por eso recalco en la importancia de valorarnos mutuamente y de entender lo que por definición nos corresponde. No somos una generación que va de salida, apenas estamos terminando de colocarnos en la cúspide y vamos por mucho más.

 

 

Mujeres de la Generación X 2
Licencia de uso de fotografía por CC BY-SA

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