Con acento extranjero

No importa si fue planeado o espontáneo ni si ha sido el sueño de toda tu vida o un giro inesperado, tampoco importa si te preparaste o si lo hiciste lanzándote, de buenas a primeras, al vacío. Un día estás empacando en dos maletas toda tu vida y al otro día estás cruzando las puertas de la sala de arribos de un aeropuerto. Emigraste y, de inmediato, inmigraste. A partir de este momento ya nada será igual.

 

Con Acento Extranjero.jpg
Licencia de uso de fotografía CC BY

 

Sí, es difícil la despedida, los preparativos, las expectativas, los abrazos interminables, las lágrimas que empujas para arriba y las promesas de reencontrarse aquí o allá. Pero nada es más difícil que la resaca que te golpea el día en el que te das cuenta de que ya no volverás porque no son vacaciones, es tu nueva vida y ya no hay marcha atrás. Al principio todo es embriaguez; te bebes a tragos abundantes las experiencias de los primeros días, te dejas deslumbrar por la arquitectura, la naturaleza y la fisionomía y el idioma local. Luego extiendes los brazos tanto como te permiten los músculos y disfrutas, embelesado, tu nueva libertad. Todo es fresco, insólito y desconocido, todo es excitante, todo te parece un aprendizaje y te vas a dormir a la cama pensando que tu vida no podría ser mejor. ¡Qué oportunidad! ¡Qué bendición! ¡Qué maravilla!

 

Con Acento Extranjero 3
Licencia de uso de fotografía CC BY

Sin darte cuenta, te vas desintoxicando de los aromas de la novedad y empiezas a sentir los efectos de la realidad. Los síntomas se acentúan conforme pasa el tiempo y es cuando comienza la añoranza, la comparación y el disgusto. Entonces sublimas la patria, las costumbres, el techo y la tierra a la que alguna vez perteneciste, echas de menos los olores, las voces que con tanta facilidad reconocías, los gestos y las miradas familiares, las reacciones cotidianas, el clima, la comida y a la gente, tu gente. Del otro lado, en el destino en donde te encuentras, te sientes aislado, asocial, desintegrado y observado; constantemente te trepa hasta el esternón la ansiedad, la cautela, la soledad, la sorpresa y la inseguridad. Es en este momento en el que dejaste de ser un visitante y te reconoces diferente, como lo que eres, un extranjero. Es un hecho que, aunque pasen montones de años, siempre quedarán dentro de ti fragmentos de la vida a la que renunciaste. La emigración será insuperable porque lo que dejaste atrás te define todavía y es tan tuyo como la lengua materna y las palpitaciones que retumban cuando ves los colores de tu primera bandera. Sin embargo, si resistes lo suficiente, mutarás y desarrollarás superpoderes. También llegará el día en que te enamorarás perdidamente de tu nueva tierra, crearás otras rutinas, tu paladar se adaptará a otros sabores y tu piel a otros climas. No importa lo que cueste, un día podrás hablar ese idioma escabroso, memorizarás la gramática y tu lengua fluirá sin interrupciones ni traducciones y aprenderás a pensar y a interactuar en otro idioma, eso sí, siempre con acento extranjero. A ese lo llevarás contigo el resto de tu vida sin importar cuánto te empeñes en mejorar la “R”, la “S” o la “Z”. Tus palabras siempre llevarán el perfume de tus orígenes y te definirán para bien y para mal. Esa es la cruz que, nosotros los inmigrantes, cargaremos en nuestros caminos. Empero también es nuestro logo personal, nuestra pimienta y sal, nuestro distintivo. Ese acento extranjero contará pedacitos de nuestra historia cuando nos comuniquemos con algún desconocido y aprenderemos a sentirnos orgullosos de él, porque significa tenacidad, empeño, lucha, constancia y, sobre todo, muestra que pudimos vencer a la adversidad.

 

Cuando iba a mudarme a Alemania, un muy buen amigo mío, francés radicado en México por algunos años, me dijo: “Date tiempo. Una mañana despertarás y te darás cuenta de que en donde está ahora tu cama, está también tu hogar.” Mi amigo y su sensual acento extranjero tenían razón, la inmigración es cuestión de tiempo porque se necesita suficiente tiempo para integrarse a una sociedad diferente, para acostumbrarse a culturas, tradiciones y usanzas distintas, para aprender un idioma, para encontrar amigos, para formar tribus y para amar un nuevo suelo.

 

Con Acento Extranjero 4

 

Casi nueve años después de haber arribado a Hamburgo, no puedo concebir otro hogar que no sea el que yo he construido aquí. Jamás olvidaré de dónde vengo ni a quienes se quedaron al otro lado del Atlántico, pero he aprendido que un país no está peleado con el otro, los dos viven en mí, de los dos me siento profundamente orgullosa y ambos merecen toda mi lealtad. Hoy me siento como pez en el agua, los temores de los primeros años quedaron ya en el olvido, sé que pertenezco a Alemania tanto como a México. También sé que siempre habrá algo que me recordará el trayecto recorrido, es mi acento extranjero. Ya ni me esfuerzo en pulirlo ni en perfeccionarlo, lo he aceptado como lo que es, la muestra de mi determinación, de las dudas disipadas y de todo lo vivido en una nación que, desde hace mucho, ya no me parece extraña.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s