Las rupturas amorosas del siglo XXI; una realidad cargada de fantasmas

Hace unas semanas mientras me trasladaba en autobús a una cita escuché, sin querer, la conversación entre dos chicas que estaban sentadas al lado mío. “No sé qué pasó. De pronto dejó de contestar mis llamadas y no ha vuelto a responder mis mensajes de texto. Simplemente desapareció.”, comentaba una de ellas con la voz inundada de desilusión. La plática continuó varias paradas y conforme ésta se desarrollaba yo asentía en mi interior. Esa misma sensación de abandono sin causa, de ruptura sin explicación, la había sentido yo. No una, sino dos veces sobreviví al desvanecimiento voluntario y unilateral del mismo hombre. En su momento dolió tremendamente, sobre todo porque hasta el día de hoy dejó abierta una interrogante: ¿por qué? Eventualmente, una de mis voces internas, llamada sensatez, vino a poner los puntos sobre las íes; dejé de obsesionarme, aprendí a perdonar, aunque hizo falta una disculpa, solté aquello que nunca fue mío y le di vuelta a la página. Sin embargo, desde el día en el que coincidí con esas dos extrañas en un autobús, me está persiguiendo el recuerdo de un fantasma.

 

Lo que le hicieron a esa chica y lo que me hicieron a mí tiene nombre. Desde el año 2011 se ha empleado el término ghosting para identificar el rompimiento o desentendimiento unilateral, abrupto, intencional y absoluto de una persona con respecto a la otra. La palabra tiene su origen en el idioma inglés y significa fantasmear (de fantasma) en español y es precisamente lo que este tipo de personas hacen: se convierten en fantasmas. En un instante se evaporan de tu vida de manera permanente y rotunda sin darte ningún tipo de advertencia como si sus existencias hubiesen cesado por completo. Poniéndolo más claro, se escabullen de un día al otro y no vuelves a saber de ellos jamás.

 

 

Ghosting
Licencia de uso de fotografía bajo CC BY

 

 

El fenómeno del fantasmeo se ha vuelto un método de rompimiento tan socorrido que tiene a los psicólogos y sociólogos estudiándolo arduamente. Las estadísticas que de esos estudios se desprenden son verdaderamente alarmantes. Rebecca B. Koessler (The University of Western Ontario) basa su trabajo de tesis de doctorado en el análisis profundo de esta manifestación social. El trabajo completo puede ser consultado en el siguiente enlace:

https://ir.lib.uwo.ca/cgi/viewcontent.cgi?article=7493&context=etd

 

Koessler indica que de los 335 participantes de su estudio (jóvenes adultos entre 19 y 35 años) el 72% reportó haber sido víctima de fantasmeo al menos una vez. Esto implica que hoy día es mucho más frecuente experimentar este tipo de ruptura y lo trágico de todo esto es que un recurso tan profundamente impersonal se ha convertido en una práctica cotidiana para disolver una relación interpersonal. Resulta extremadamente paradójico que los seres humanos de este siglo tengamos a nuestro alcance herramientas que nos permiten permanecer comunicados y conectados y que las utilicemos justamente para todo lo contrario: para desenchufarnos, ocultarnos, invisibilizarnos y despersonalizarnos unos a otros.

 

El fantasmeo es un método de desvinculación cruel porque abre heridas que nunca cierran o que tardan demasiado en cerrar. Una separación es de por sí difícil y se acompaña de un cúmulo de emociones intensas y de sentimientos como la tristeza, la nostalgia, la ira o el rechazo. Si a eso aunamos que no entendemos por qué terminó la relación o el contacto, nos vemos, de pronto, sumidos en un vaivén de impresiones tóxicas y perturbadoras. Dado que el rompimiento se produce de manera repentina, inesperada y carece de explicación, la persona que es fantasmeada no puede comenzar un proceso de duelo normal pues hay una carencia de separación. Sí, el tipo/a no volvió a hablar ni a atender llamadas, mensajes o correos electrónicos, pero hay algo dentro del fantasmeado que no queda del todo claro y que le obliga a buscar alternativas que expliquen la desaparición, por ejemplo, “tuvo un accidente”, “tiene un problema familiar”, “sufre de depresión y se aísla”, “quizá esté saliendo con alguien más”, etc., etc., y más etcétera. Esto evita que el fantasmeado se mueva sanamente entre las, ya complejas, etapas del duelo y que, como efecto colateral, se quede enganchado en una especie de limbo afectivo que no le permite avanzar hacia relaciones más saludables. Es sádico y detestable que lo tengan a uno analizando, imaginando y reflexionando en razones que parchen el vacío de una aclaración.

 

Así que, estimados fantasmas, tengan el valor de mirar a la persona de frente y de decirle “ya no quiero verte”, “ya no quiero estar contigo”, “no me gustas más”, “quiero que esta conexión se termine”. Y por favor añadan el porqué; “porque no me siento feliz contigo”, “porque me he enamorado de alguien más”, “porque ya no funcionamos”, “porque no me gusta del todo tu personalidad”. Esconderse detrás de una pantalla es patológico, huir de las responsabilidades es cobarde, dejar a las personas pendiendo de un hilo es un acto miserable. Al final, la vida no es más que un búmeran y todo lo que lanzamos volverá a nosotros irrefrenablemente; qué mejor que recibir dignidad, respeto y consideración en vez de desdén, indiferencia e hipocresía.

 

Si alguien que haya sido fantasmeado lee este texto, quiero decirte que tú no tuviste la culpa, tú no motivaste la desaparición de tu pareja, no eres tú el que cometió errores ni tampoco tu personalidad es capaz de aterrorizar a alguien al grado de hacerlo huir despavorido. Cuando te mires en el espejo no te avergüences ni busques dentro de ti la explicación que te negaron. Las causas de ese rompimiento están al otro lado de la relación y quédate tranquilo porque el perfil de un ser humano que hace lo que a ti te hicieron es el de un narcisista que carece de empatía y al que le sobran actitudes agresivo-pasivas y psicópatas. Al borrarse así de tu vida te hizo un favor, créelo. Ánimo, recoge los pedacitos de tu corazón y déjalo latir de nuevo.

 

A mi propio fantasma sólo tengo una cosa que decirle: te agradezco infinitamente que hayas salido de mi vida.

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