La Epidemia de Violencia contra la Mujer

¿Por qué los hombres atacan, abusan, torturan, violan, esclavizan y matan a las mujeres? Porque pueden. La respuesta es así de simple.

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La violencia contra las mujeres se ha convertido en un tema complejo y recurrente. Tal es el impacto de la agresión que sufren las mujeres alrededor del mundo, que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS o WHO por sus siglas en inglés) lo ha tipificado como un grave problema de salud pública mundial. Es alarmante que, a nivel global, una de cada tres mujeres en el mundo, haya sido víctima de alguna forma de violencia de género.

 

La violencia contra las mujeres es un cáncer que carcome a nuestras sociedades y que debilita las economías, el desarrollo, el bienestar y la riqueza de las naciones. Las mujeres juegan papeles fundamentales en el éxito de un país. Si las mujeres son vilipendiadas, se debilita y limita el florecimiento de las comunidades y, en consecuencia, impacta en la prosperidad de un estado o de una región. Por eso no es de extrañar, que justamente las zonas más empobrecidas, sean las que mayores casos de feminicidios presentan en el mundo.

 

Para erradicar una enfermedad, hay que buscar los orígenes de esta, combatirlos y exterminarlos. Empero, la violencia de género se cuece muy aparte, y no basta con vacunar a la población con una legislación severa e inflexible. El problema va más allá y está intrínsecamente relacionado con cada uno de nosotros. Es decir, la violencia de género es una enfermedad auto inmune, que compete a cada una de las células del organismo. Nos corresponde a todos contribuir para poder destruirla. ¿Cómo? Involucrándonos.

 

 

Orígenes de la Violencia de Género

Las causas de la violencia de género son: Desigualdad de género, estructuras sociales patriarcales, impunidad, socialización de género y violencia institucional. Todo esto puede sonar muy vago hasta que lo ponemos en palabras sencillas; nuestras sociedades no admiten que las mujeres y los hombres seamos iguales ante la ley, mucho menos ante nuestra comunidad y por ello los crímenes en contra de las mujeres gozan de absoluta impunidad por un lado, el lado de la procuración de justicia, y por el otro lado, las mujeres son vulnerables a los juicios y castigos que impone la comunidad, por ejemplo, la vergüenza, el rechazo, la culpabilidad, la deshonra, la estigmatización y la segregación.

 

Les pongo un ejemplo claro, que seguramente desatará un debate interesante. Esta anécdota me sucedió a mí el año pasado, en diciembre de 2017 en la Ciudad de México. Ese año decidimos pasar las vacaciones navideñas en México, con la familia. Mientras hacíamos algunas compras en un centro comercial al sur de la ciudad, notamos que la empresa Recórcholis ofrecía un servicio de entretenimiento para infantes. Se trata de un área creada para niños pequeños. El acceso a esta área está limitado, sólo los niños pueden entrar y son vigilados y/o cuidados por personal de la empresa. Los juegos son muy bonitos y llamativos, así que nuestra hija, quien en ese entonces tenía dos años y medio, de inmediato quiso entrar. Hay bastantes juegos inflables, alberca de pelotas, trampolines, carrusel, y otros juegos muy interesantes para desarrollar las habilidades psicomotrices de los más chiquitos, así que no vimos ningún problema en dejarla entrar. Sin embargo, nos quedamos fuera del área, observándola jugar. Así estuvo un buen rato. Nosotros la vimos feliz, pasándola genial, así que nos relajamos y compramos un par de bebidas en el área de comida rápida que se ubica justo afuera de Recórcholis. Aunque estábamos sentados en las mesas, todavía podíamos verla.

 

A ella le gusta jugar sola, así que esperó pacientemente hasta que la zona de inflables se hubiese desocupado para entrar a brincar a sus anchas. Ahí estaba, saltando y soltando grititos de emoción. Había más o menos diez o doce niños repartidos en los diferentes juegos. Mi atención o intuición materna se fijó particularmente en uno de los niños porque corría por todos los juegos, empujaba y jaloneaba, y casualmente sólo a niñas. Calculo que tendría aproximadamente tres años y medio. Entretanto, el personal de Recórcholis se acercaba a resolver las disputas y muy cautelosa y respetuosamente le indicaban al niño que ese comportamiento no estaba bien. Mientras yo le daba sorbos a mi malteada, veo que el niño en cuestión advierte la presencia de mi hija en los juegos inflables, y con toda determinación corre hacia a donde ella estaba, sube las escaleras inflables, la toma por los cabellos con una mano, la rasguña en la espalda con la otra, y la tumba al inflable, boca abajo. Luego se monta sobre ella y empieza a brincar sobre su cuerpo. Estoy escribiendo estas líneas y se me ponen las orejas calientes del coraje y de la impotencia. Por supuesto que corrí a la pared de cristal que me impedía sacar a mi hija de semejante situación, así que comencé a golpear con las palmas el cristal y a gritarle a ese niño que la dejara en paz. Recuerdo haber dicho, “¡Hey, para! Para. La estás lastimado. Para.” La muchacha que cuida a los pequeños se percató del incidente y corrió hacia el inflable para separarlos. Otra de las empleadas la siguió y en conjunto le quitaron al chamaco de encima y la sacaron del inflable. Mi hija en shock total, con el grito atorado en la garganta, la boca abierta y los ojos inundados de pánico. No estoy exagerando. Mi esposo quien, desde luego también presenció todo, ya estaba en la entrada de Recórcholis pidiendo que nos devolvieran a la niña. Finalmente, mi hija suelta el llanto y la oigo por fin llamarnos a todo pulmón. Al otro niño lo separaron y de inmediato llamaron a los papás. Los señores también se encontraban en el área de comida rápida así que lo vieron TODO y NO hicieron nada para detener o reprender a su hijo. Se acercaron a la entrada con toda lentitud y una actitud burlona y arrogante. Mi esposo fue tajante y pidió que en ese momento dejaran salir a mi hija, que le quitaran el brazalete y se la entregaran. Yo les hice la observación de que ese niño era un peligro y que lo deberían de sacar porque yo había visto cómo se le había echado encima a más niñas. A mis espaldas gritaba la mamá del niño, que eso no era cierto, que ella también había visto todo y que su hijo sólo estaba jugando. Yo insisto con la empleada y sostengo que ese niño es un peligro para la armonía de la zona. El papá, enfurecido, se dirige hacia mí y me dice que estoy loca, palabras textuales, que soy una exagerada y que los niños varones así son y así juegan. La empleada de Recórcholis interviene y le dice a la mamá del niño que efectivamente su hijo ha estado molestando a otros niños. Yo interrumpo y aclaro que NO a otros niños sino a otras niñas. La señora responde “Ay bueno, es que a mi bebé le gustan las niñas. Es normal.” A lo que yo contesto que NO es normal y que el niño es AGRESIVO. Ella, me mira con furia y odio, se me acerca a cinco centímetros de la nariz, y me dice que su hijo no es agresivo, que es un hombrecito y que, por sus características masculinas, así juega. Finalmente yo concluyo esa conversación diciendo que su hijo agredió a mi hija sin ningún motivo y que ese comportamiento es potencialmente temerario. Mi esposo y yo tomamos a nuestra hija y nos retiramos. El papá nos gritó de todo mientras nos íbamos. Lo que nunca se me va a olvidar es: “si su hija no se sabe defender, no la metan a juegos en donde hay otros niños.” Mi esposo estaba anonadado, molestísimo, y gritando cosas en alemán.

 

En el recuento de los daños, mi hija tenía la espalda llena de sangre, que brotaba de los surcos que las uñas de ese niño hicieron en su piel. En su nuca le faltaba un mechón de cabello. No era abundante, pero vimos los poros, en donde alguna vez hubo pelo, rojos, hinchados y con puntitos de sangre. En su ingle tenía un moretón, seguramente provocado por la rodilla del niño, mientras rebotaba sobre ella.

 

Este es el origen de la violencia de género y estoy segura de que ese niño crecerá siendo un agresor. ¿Por qué? Porque puede, porque se le permite, porque se le justifica, porque es hombre.

 

Tengo la certeza de que ese niño convive con algún tipo de violencia todos los días. Sé que sus padres solaparán siempre su comportamiento errático y agresivo; es un niño – le gustan las niñas, es un adolescente – son las hormonas, es un hombre – ella lo sacó de quicio.

 

¿Cómo se debió haber abordado este tema? Los padres debieron haber intervenido desde la primera vez que su hijo atacó a cualquier niño. Sin exculpaciones ni excusas, el niño debió haber sido frenado, se le debió explicar que la violencia no está permitida y que no se agrede a los demás seres humanos, sin hacer referencia al género. El niño se debió disculpar con su contraparte y debió ser apartado inmediatamente debido a su comportamiento y como medida precautoria. La empresa Recórcholis, debería poner carteles gigantes, en donde quede claro que hay CERO TOLERANCIA para niños agresivos y desde el primer incidente debió haberlo retirado de las instalaciones.

 

Nuestra responsabilidad recae en nuestras acciones, ya sea como educadores, como espectadores o como protagonistas de cualquier historia de violencia de género. Se debe empezar por lo más básico; nos tenemos que reprogramar mentalmente y entender de una vez por todas que no importa cómo se porte, vista, cuánto beba, baile, sonría, a qué hora salió, con qué frecuencia visita un bar, si tiene muchos o pocos amigos una mujer, una adolescente, una niña, NO EXISTE JUSTIFICACIÓN alguna para agredirla de ninguna manera. Una PALABRA ALTISONANTE ES UNA AGRESIÓN, un PIROPO VULGAR, INAPROPIADO y NO SOLICITADO ES UNA AGRESIÓN, MANOTAZOS, TOQUETEOS y ROCES SON UNA AGRESIÓN, INSULTOS, GRITOS, VEJACIONES SON UNA AGRESIÓN.

 

Es importante recordarles que NO estamos tan solas como creemos. Hay que pedir ayuda, a gritos si es necesario. Hay cientos de miles de asociaciones gubernamentales y no gubernamentales dispuestas a ayudar a las mujeres en situación de violencia. La ONU, desde mi punto de vista, es la más importante de todas ellas, porque es la única que congrega a 193 naciones a tomar acciones para defender la integridad de las mujeres en situación de violencia. A continuación, les dejo los siguientes enlaces importantes:

 

Lo más importante a considerar es que tenemos que accionar, reaccionar, defender, proteger, enfrentar y, sobre todo, ante una situación de violencia de género, SIEMPRE ser valientes.

 

Mi Blog está siempre abierto a todas las mujeres que busquen un refugio, un consejo, asesoría, o simplemente un par de ojos y oídos a los cuales acercarse para sentirse escuchadas.

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