Sex and the City

Hoy se cumplen veinte años de la primera emisión al aire de la serie “Sex and the City” y cuando vi el anuncio en Facebook, no pude evitar recordar y sonreír al hacerlo.

Cuando yo comencé a ver la serie, ya habían terminado sus seis temporadas y la primera película ya se había filmado, aunque aún no se había estrenado en cines. Tenía veintinueve años cuando vi por primera vez en mi pantalla a Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte, y me enamoré de ellas. La serie me atrapó por muchas razones; era divertida, las actrices interpretaron los roles de manera ejemplar, había cinismo, ironía e insolencia, pero lo que más me cautivó, sin duda alguna, es que estas cuatro mujeres pasaban de treinta, no estaban casadas, ni tenían hijos y vivían sus vidas a plenitud, disfrutando sus carreras profesionales, esquivando prejuicios, buscando el amor, pero sobre todo, atreviéndose a ser ellas mismas. Eso me marcó porque en el México de esos días, no había referencias semejantes que no estuvieran fuertemente estereotipadas. En aquel entonces estaba celebrando el último año de mis veintes, estaba soltera, estaba también en búsqueda de un amor que parecía que jamás iba a llegar y estaba dispuesta a arrancarme las ataduras de una sociedad machista, conservadora y doble moralista. “Sex and the City” me cayó como anillo al dedo y he de confesar que, gracias a las peripecias, desengaños, decisiones, transiciones y transformaciones de sus protagonistas, se pudieron iluminar en mi vida algunos caminos que quizá, en otro tiempo, yo jamás hubiese considerado como alternativas. Hoy en día aún eres chava a los treinta y no hay quien se inquiete si aún no estás casada y mucho menos si no piensas tener hijos en el mediano o corto plazo, pero antes eso era impensable. Vivir sola, no tener novio, pero sí salir con chicos, tener tu independencia financiera y tomar tus propias decisiones, aunque estas fueran mal vistas, era algo muy inusual, incluso para la Ciudad de México que ya por esos tiempos era bastante cosmopolita.

Desde el inicio yo me identifiqué con Charlotte, y hubo varias coincidencias en mi vida y en la del personaje. La escena que más me ha gustado está relacionada con Charlotte,  ella y Harry coinciden en una sinagoga. Harry le dice: “De todas las sinagogas de todas las ciudades tenías que entrar en la mía” y la mira como si sin ella no pudiese respirar. Ah, ¡cómo lloré con ese episodio de la sexta temporada!

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